Es
uno de los métodos más utilizados en el análisis de la obra de arte. El método
está en augue y el debate que suscita también. La forma de conocerlo es tener,
una idea clara de los conceptos de Iconografía e Iconología. Esta es nuestra
intección con esta entrada: definir y aclarar los conceptos.

Francisco de Zurbarán. Santa Agueda es una de las obras más reconocidas del famoso pintor español
MÉTODO ICONOGRÁFICO
A lo largo
de la Historia, la imagen ha supuesto un cauce de expresión y comunicación de
todos los pueblos. Precisamente por ello constituye un lenguaje autónomo con
sus propias normas y códigos de interpretación. Las imágenes pueden presentarse
a través de diversas técnicas ( pintura, escultura, grabado...) y en multitud
de estilos. Todo depende de la sociedad que la engendre, del sistema de valores
del momento y del artista que ejecute la obra. Así pues están dispuestas bajo
un orden que es susceptible de ser estudiado y analizado para descifrar las
claves de su representación.
After Duchamp. Xi-shixin

Los
diferentes métodos que sirven como instrumentos de análisis han variado a lo
largo de la Historia del Arte. Algunos han tenido más éxito que otros pero
todos han evolucionado y se han enriquecido mutuamente para hacer más completo
y profundo el conocimiento de la obra de arte.
En la misma
palabra Iconografía encontramos la raíz de su significado. Se construye a
partir de dos vocablos griegos: “eikon” (imagen) y “graphien”
(descripción). Así que en un primer momento diríamos que se trata de la
descripción de imágenes. Antes de profundizar más podemos rastrear la presencia
y significado de este concepto en la Historia del Arte. En el Renacimiento se
entendía como un repertorio de retratos de personajes ilustres. En 1701 aparece
con un significado cercano al actual en el “Dictionnaire” que publicó
Furetière. En España se incorporó en 1787 en el diccionario publicado por
Esteban de Terreros y Pando. En el siglo XIX, la Iconografía fue aplicada a la
Historia del Arte por el francés Seroux d’Agincourt. Hasta mediados del siglo
XIX no se popularizó realmente en el resto de Europa. Ya en el siglo XX ha tenido
un gran auge con estudiosos de renombre como Emile Mâle, Guy de Tervarente o
Raimond van Marle.
Aunque el
término se presta a múltiples definiciones seguiremos a González de Zárate que
es uno de los máximos representantes de este tipo de estudio. Para él se trata
de: “ La ciencia que estudia y describe las imágenes conforme a los temas que
desean representar, identificándolas y clasificándola en el espacio y el
tiempo, precisando el origen y evolución de las mismas.” Podríamos
simplificarlo en: descripción, identificación, clasificación, origen y
evolución de la imagen en concreto.
Siguiendo a
este investigador habría que plantearse los distintos aspectos que pueden
integrarse dentro del estudio iconográfico. La imagen es fuente de numerosas
interpretaciones que a su vez establecen variadas relaciones: La primera de
ellas sería con la arquitectura, que para muchos porta una significación
simbólica mediante la combinación de sus formas. Por ejemplo la relación que se
suele plantear entre una planta centralizada y el círculo como forma
sagrada; La iconografía natural se ocupa de las representaciones en las
que las imágenes no tienen sentido figurado alguno: La iconografía simbólica
incluye variedad de atributos y signos que convierten a cualquier motivo visual
en un tema iconográfico. Los símbolos y alegorías se vuelven imprescindibles en
la Historia del Arte puesto que hace de ésta algo más que un lujo estético
convirtiéndola en una intelectualización de la propia historia del hombre:
“Él símbolo
es el elemento iconográfico que permite la lectura de la obra artística.
Tras su descripción se ha de llegar a identificar los elementos, ponerlos
en parangón con otros similares que establezcan una misma lectura estando
sujetos a idéntico contexto semántico”.
Este método
de investigación requiere que una vez que se han descrito, identificado y
clasificado las imágenes busquemos su origen y evolución. Para ello hay que
utilizar una serie de fuentes. Lo primero sería buscar la propia fuente del
artista ya que en ocasiones es él mismo el que describe el tema de su obra.
Otra veces es el comitente (el que encarga la obra) el que dispone qué y cómo
representarlo. En este caso es fundamental la labor de investigación en los
archivos, búsqueda de contratos y todo tipo de documentos. Las fuentes
literarias en las que el artista ha podido inspirarse son abundantes: por
ejemplo, en los temas religiosos acudirían a la Biblia, Evangelios Apócrifos,
literatura ascética y mística, etc. Tampoco hay que olvidarse de la literatura
clásica ni de la propia de la época. La lectura de estas fuentes debe ser rigurosa,
no podemos darles el sentido que creamos sino el que realmente tenía en su
época. Para que esto sea así:
“Se hace
necesario en la Historia del Arte y fundamentalmente en Iconografía, establecer
un repertorio visual ordenado, una clasificación fundamentada en el espacio y
el tiempo, en similitudes y variaciones temáticas que centren los motivos
visuales”.
Este tipo de
repertorio visual era utilizado por el artista como inspiración iconográfica.
Fueron múltiples los grabados y estampas que se difundieron y que sirvieron de
modelo a muchos artistas.
González de
Zárate defiende que este método es válido por sí mismo a pesar de que
constituye la primera fase del método Iconológico: “completa las
investigaciones propias del formalismo , otorgando a las imágenes otros valores
precisos en este campo de estudio”.
Mientras que
la Iconografía es esencialmente descriptiva, la Iconología profundiza hasta
alcanzar el significado último de las imágenes. Se busca el significado histórico,
filosófico, social...
Al igual que
el término Iconografía es conocido desde hace siglos, el de Iconología se
remonta hasta el propio Platón que le da el significado de lenguaje figurado.
Más cercano en el tiempo aparece en 1593, en Roma un libro publicado por Cesare
Ripa con el título “Iconología”. Consistía en un catálogo de imágenes
referentes a virtudes, vicios , dioses, cada uno de ellos acompañado por una
figura femenina que los representa. Muchos artistas lo tomaron como fuente de
representación de estos temas. Sin embargo, su intención era claramente
iconográfica. No fue hasta finales del siglo XVII y principios del XVIII
cuando algunos autores lo toman como representación alegórica y ya en el siglo
XIX se incluye con este significado en los diccionarios. Aby Warburg consideró
que sólo tras un estudio profundo del pasado se podían explicar muchas de las
grandes obras renacentistas. Él y sus discípulos Panofsky,F Saxl, y E Wind
incorporan este método a sus estudios.
En España
Angulo Íñiguez en 1952 con su obra “ La mitología en el arte español del
Renacimiento” abre un camino nuevo en este sentido. Julián Gállego, Santiago Sebastián
y el propio González de Zárate siguieron la estela de este tipo de estudios.
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